A Simone (te acompaño)

A Simone (te acompaño)

Mi querida Simone:

Lamento escribirte después de mucho, espero que puedas perdonarme pues no lo hice con intención de ignorarte o hacerte sentir mal; en realidad, el tiempo me fue robado por algunos sueños y varias responsabilidades.

¿Cómo podría odiarte? Es falso que mi orgullo pueda más, pues he comprendido tus necesidades y te he dejado libre para que puedas cumplir con ellas; me encanta saber que sigues de pie y siempre con las fortaleza que te ha llevado a emprender batallas complicadas y lucharlas con fiereza.

Mi decisión es la de acompañarte con los pensamientos, desearte suerte y alentar tu valentía; aunque no ganes la guerra, diste muy buenas batallas.

Tuyo siempre,

Nelson

A Nelson (tu decisión)

A Nelson (tu decisión)

Querido Nelson:

Ha pasado más de dos meses desde la última carta que te escribí y no he recibido respuesta. Tenía razón cuando dije que el orgullo te ganaría y no me escribirías más, quizás por amarme demasiado o por odiarme un poco más.  Sea como sea, sé que guardas cada uno de los lindos momentos que pasamos juntos, pese a que el destino nos volvió a separar.  Créeme, no es algo con lo que me sienta contenta. 

No me regales tu silencio y vuelve a darme alegrías, como aquellas que yo estoy dispuesta a darte si me lo pides, aunque no sea de la forma que esperas. Sabes que  por ti, podría renunciar a la mayoría de las cosas. Sin embargo, no sería la Simone que te gusta si pudiese renunciar a mi vida en mi ciudad (que es como un Sartre).  Sería una sucia criatura, una traidora, una egoísta.

De seguro te enfureces o entristeces, pero solo quiero que sepas una cosa:  Sea cual fuere la decisión que tomes en el futuro, ya sea seguir conmigo pese a mis pasados pendientes o decidas abandonarme; ten presente que no es por falta de amor que no puedo irme a vivir aún contigo.

Aunque te parezca pretencioso, debes saber es hasta qué punto lo que me rodean me necesitan. Preferiría morir antes que hacerle daño a las personas que han hecho todo por mi felicidad.

Siempre tuya,

Simone

A Nelson (háblame)

A Nelson (háblame)
Nelson, mi amor:
 
El sábado releí tu carta, cuando volví de dar un largo paseo por uno de los parques de Quito y me sentí muy complacida al visualizarte en todo lugar. Lo malo, cariño, es que tengo un serio problema, y creo que debería escribir al consultorio sentimental de un semanario para mujeres:
 
“Querido consultorio, hace un par de meses me enamoré de un simpático joven de Cusco, un muchacho con ideas locas en la cabeza. El mundo da tantas vueltas, con unas rachas de buena suerte y otras no tanto, pero estoy segura que el alcanzará el éxito, algún día hasta superará a Keynes; aunque, admito que la lucha diaria parece alejarnos ¿Qué debo hacer para no perder su amor? ¿Acaso tendré que olvidarlo?”
 
Tengo un poco de miedo, ya lo ves, no he recibido ninguna respuesta de las preguntas que tanto me aquejan y tu última carta era bastante corta y se te notaba muy atareado; puede que te gane el orgullo y que ya no me escribas más. De todos modos, de momento, mientras se supone que aún me quieres, has de saber que me alegra todo lo que a ti te alegre. Prefiero mantener la felicidad y sentirme alegre cada vez que te pasa algo bueno, aunque ahora no quieras compartirlo.
 
Miro por mi ventana para pensar que tú también aprecias la hermosa luna, una luna que quisiera te recuerde a mí. ¡Como me gustaría viajar de  la mano de la luna por el cielo plateado! Esta noche estoy triste, estoy más triste que una rata.
 
Sin ti no tiene sentido soñar despierta, temo que en esos sueños solo tu fantasma me esté esperando allí. Es más, todas las noches tengo pesadillas. Recuerdo que una vez, en aquellas charlas que a veces teníamos a oscuras, en la cama, te quedaste asombrado porque te dije que la vida no me resultaba llevadera. “Pues yo pensé que tu vida era bastante fácil”, dijiste. Y a mí me asombró oírte decir tal cosa. Bueno, pues debo decirte, la verdad, que no es nada fácil, pero tú la vuelves amena.
 
Te anhelo de día y te anhelo de noche, no es nada fácil estar tan lejos de ti, quererte tanto y ni siquiera tiene sentido decírtelo una vez más.
 
Solo puedo agregar que estoy para ti siempre, si tienes ganas de hablar, reír, soñar, vivir, amar… Y  lo único que quiero pedirte es: No te vayas, quédate conmigo, háblame como cuando me hablabas a oscuras, como cuando me hablabas también a plena luz del día, porque yo te sigo escuchando amorosamente, te amo mucho, muchísimo, mi amor.
 
Siempre tuya,
Simone

A Manuela (tu fortaleza)

A Manuela (tu fortaleza)

Mi bella y buena Manuela:

Me complace recibir cada una de tus cartas tan llenas de amor, fortaleza y esperanza; pero al mismo tiempo, al leerlas, siento el profundo pesar del destino que se nos ha obligado a vivir tan horrible situación que no es justa para un alma tan libre, pura y honorable como la tuya.

Desde mi lugar, tan lejos tuyo, no puedo dejar de sentir el coraje que tu amor me transmite. Estoy seguro que sin tu paciencia y buen corazón no tendría el valor de permanecer aquí, luchando por un ideal superior a nuestro amor.

Tuyo siempre.

Bolivar

A Simón (no importa el mundo)

A Simón (no importa el mundo)

Muy señor mío:

Sé perfectamente que estamos luchando por nuestros anhelos, aunque inevitablemente, el camino hacia uno de ellos ha alargado la distancia que ya nos separaba. Es difícil no sentir nostalgia ante tu ausencia y la de tus cartas.

Con tantas pruebas que nos ha tocado afrontar, a veces siento que el desánimo te invade. Sin embargo, yo te digo: No hay que huir de la felicidad cuando ésta se encuentra tan cerca. Y tan solo debemos arrepentirnos de las cosas que no hemos hecho en esta vida.

Tú sabes que siempre estás en mi pensamiento, en cada uno de mis actos, y que haces latir con sentido a mi corazón. Cómo podría negar que te amo con locura.

La gente habla de la imposibilidad del amor a distancia, de la desconfianza. Pues tú bien sabes todo eso es hipócrita, sin otra ambición que dar cabida a la satisfacción de miserables seres egoístas que hay en el mundo y que no han descubierto un sentimiento verdadero.

Dime: ¿quién puede juzgarnos por amor? Todos confabulan y se unen para impedir que dos seres se unan; ¿porque tú y yo no podemos amarnos? Si hemos encontrado la felicidad hay que atesorarla. Obviamente, no es una tarea fácil, requiere una lucha diaria, nuestra predisposición y, sobre todo, nuestras ganas de amar hasta el final.

Tú pregonas a los cuatro vientos que un camino con grandes retos hay por delante… ¡Nosotros lo estamos construyendo! Las circunstancias cambian, nosotros también, pero lo importante es nuestro deseo de mantenernos juntos en el amor que sentimos.

Aunque no sé cuando reciba tu respuesta, debo confesarte que me siento feliz de saberte triunfante en todo lo que te propones. Yo imagino fascinada los sueños que deseas materializar, que aunque no son totalmente similares a los míos, se acoplan perfectamente para realizarse juntos.

Ya no importa lo que diga el mundo, eso no importuna mis sueños. Soy una mujer digna ante el honor de saberme auto suficiente de pensar lo que quiera y de tomar mis propias decisiones, además que soy tan afortunada por amarte.

Tu querida, a fuerza de distancia,

Manuela

A Simón (por el ideal libertario)

A Simón (por el ideal libertario)

Mi amado Simón:

Las condiciones adversas que se presentan en el camino de las luchas constantes que hemos decido emprender, no intimidan mi condición de mujer. Por el contrario, yo las reto.

Muchos quieren callar nuestra voz y las de millones de personas más, pese a que nos encontramos en un mundo globalizado y, aparentemente, más accesible. Hace algunos siglos, combatimos los yugos que oprimían nuestra libertad  para poder expresarnos y actuar libremente;  ahora lo haremos con más fuerza. Nunca cederemos a las intransigencias y opresión de minorías, que velan por intereses particulares, cuando hay un mundo que proclama gozar de condiciones de igualdad.

Amo tu espíritu perseverante y tu alma idealista, que ve más allá de lo convencional, no sigue a multitudes necias y no se intimida ante lo incierto. ¡Qué piensas tú de mí! Siempre me has dicho que tengo “más pantalones que cualquiera de tus oficiales”, ¿no?

Desde siempre he defendido tu  dinamismo libertario y sé que aún las luchas sociales, personales y muchas más aguardan en nuestro camino. Por esto, de corazón te digo: No tendrás más fiel compañera que yo y no saldrá de mis labios queja alguna, que te hagan arrepentir de la decisión de aceptarme para ser tu apoyo en la consecución de tus sueños e ideales. 

¿Me llevas contigo? Pues allí voy. Que no es condición temeraria ésta, sino de valor y de amor a la independencia (no te sientas celoso), que un sentimiento como el nuestro se puede enaltecer para transformar la realidad.

Tuya siempre, 

Manuela 

A Julieta (caminemos juntos)

A Julieta (caminemos juntos)

Amada Julieta

Cada vez que recibo una nueva carta tuya siento como se me estremece el cuerpo; mientras voy leyendo, puedo imaginarte escribiendo en cada línea y tu dulce voz susurrándome cada palabra.

Acabo de tomar consciencia de los días que vamos escribiéndonos y dibujamos sueños en cada pedazo de papel; no encuentro mejor lugar que mi almohada para sentirme dichoso por tenerte a mi lado.

Hoy siento ese ánimo que me convence un poco más del camino que quiero construir a tu lado, de las ganas de encontrarte al amanecer y que con una sonrisa  le demos la bienvenida a un nuevo día juntos.

Tuyo siempre,

Romeo

A Romeo (Feliz Aniversario)

A Romeo (Feliz Aniversario)

Amado Romeo:

Hoy sentí las palabras de tu carta tan reales, como la última vez que oí el sonido de tu voz. Me parece que fue ayer la primera vez que te escuché contar una historia mitológica para romper el hielo de un encuentro (anunciado para el intelecto, pero inesperado para el amor). Ya son varios meses de aquello y exactamente dos años de contar historias y de pintar sueños en el firmamento.

Sé que no ha sido fácil luchar contra la lejanía y las diferencias, pero lo estamos logrando. No imaginas cuánto anhelo el momento de nuestro próximo encuentro; cada frase que te escribo me parece un reloj menos a este tiempo que, de tanto anhelarlo, ya me parece corto.

Nuestros espíritus están siempre juntos y mientras tenga algo que escribirte y tanto amor que entregarte, siempre estarás latente en mi vida. Cierra un momento los ojos y toma mi mano… ¿Sientes ese calor estremecedor? Es sólo otra versión de sellar esta carta con un beso.

Siempre tuya,

Julieta

A Julieta (sintiendo tu presencia)

A Julieta (sintiendo tu presencia)

Amada mía:

Me ha dolido mucho leer tu carta y me ha dolido más por que soy yo quien ha fallado; me he dejado llevar por millones de divagaciones y deseos.

He cometido el error de dejarte esperando… Te he dejado esperando mientras te he imaginado a mi lado al amanecer, he deseado tanto ese momento que hasta lo he sentido con toda realidad. Voy camino a la locura, pues tu presencia espiritual ha cubierto todo en mí.

No estoy seguro de lo que ocurre, pero puedo sentirte completamente: Mientras respiras en mi almohada, escucho tu voz susurrándome al oído, hasta he sentido como te mueves por las noches en nuestra cama.

Te he deseado tanto y con tanta pasión que te siento presente, tan presente que no te escribo sino que veo a tus ojos mientras mis labios dejan escapar estas palabras.

Tu lugar es conmigo y es allí donde te siento.

Siempre tuyo,

Romeo

A Romeo (en tu ausencia)

A Romeo (en tu ausencia)

Ausente Romeo:

Hace más de un mes que espero tu carta y no solo espero, también pienso en por qué no llegará. Quizás es una más que viaja confundida por algún otro lado del mundo, de esas que no se leen cuando deben leerse y que cierto día, cuando hayan pasado años, un cartero aparecerá con un sobre amarillento y desgastado y dirá: Lo siento tuvimos problemas en nuestro servicio de correo, pero aquí está su correspondencia. No sé si me alegre, me entristezca o me dé igual, porque imagínate leer algo anacrónico que muy poco podrá aportar.

La otra opción, si tu carta no está extraviada, es que tal vez nunca la escribiste porque no tenías tiempo o no tenías nada que contarme; ya que siempre me recuerdas que eres poco expresivo, pero hasta el detalle más desapercibido me gustaría leerlo de ti. Pero ni siquiera una mínima palabra ni una corta llamada tengo esta Noche Buena, la primera que pasaremos espiritualmente juntos y a la vez tan lejanos. No sabes cuánto daría por estar junto a ti, poder darte un abrazo y decirte lo mucho que significas para mí. Ahora entiendo que la lejanía no me duele tanto como las barreras que ponemos en nuestros actos.

No creo que pido nada del otro mundo. Quiero oír de tus labios que me amas y demuestres que es cierto. No me gusta quedarme relegada entre el caos cotidiano y por ello desearía que, aunque no esté en tu mente todo el tiempo, saber que estoy presente… Estoy pidiendo lo justo: Solo que me des lo que merezco

Julieta