Nelson, mi amor:
El sábado releí tu carta, cuando volví de dar un largo paseo por uno de los parques de Quito y me sentí muy complacida al visualizarte en todo lugar. Lo malo, cariño, es que tengo un serio problema, y creo que debería escribir al consultorio sentimental de un semanario para mujeres:
“Querido consultorio, hace un par de meses me enamoré de un simpático joven de Cusco, un muchacho con ideas locas en la cabeza. El mundo da tantas vueltas, con unas rachas de buena suerte y otras no tanto, pero estoy segura que el alcanzará el éxito, algún día hasta superará a Keynes; aunque, admito que la lucha diaria parece alejarnos ¿Qué debo hacer para no perder su amor? ¿Acaso tendré que olvidarlo?”
Tengo un poco de miedo, ya lo ves, no he recibido ninguna respuesta de las preguntas que tanto me aquejan y tu última carta era bastante corta y se te notaba muy atareado; puede que te gane el orgullo y que ya no me escribas más. De todos modos, de momento, mientras se supone que aún me quieres, has de saber que me alegra todo lo que a ti te alegre. Prefiero mantener la felicidad y sentirme alegre cada vez que te pasa algo bueno, aunque ahora no quieras compartirlo.
Miro por mi ventana para pensar que tú también aprecias la hermosa luna, una luna que quisiera te recuerde a mí. ¡Como me gustaría viajar de la mano de la luna por el cielo plateado! Esta noche estoy triste, estoy más triste que una rata.
Sin ti no tiene sentido soñar despierta, temo que en esos sueños solo tu fantasma me esté esperando allí. Es más, todas las noches tengo pesadillas. Recuerdo que una vez, en aquellas charlas que a veces teníamos a oscuras, en la cama, te quedaste asombrado porque te dije que la vida no me resultaba llevadera. “Pues yo pensé que tu vida era bastante fácil”, dijiste. Y a mí me asombró oírte decir tal cosa. Bueno, pues debo decirte, la verdad, que no es nada fácil, pero tú la vuelves amena.
Te anhelo de día y te anhelo de noche, no es nada fácil estar tan lejos de ti, quererte tanto y ni siquiera tiene sentido decírtelo una vez más.
Solo puedo agregar que estoy para ti siempre, si tienes ganas de hablar, reír, soñar, vivir, amar… Y lo único que quiero pedirte es: No te vayas, quédate conmigo, háblame como cuando me hablabas a oscuras, como cuando me hablabas también a plena luz del día, porque yo te sigo escuchando amorosamente, te amo mucho, muchísimo, mi amor.
Siempre tuya,
Simone